Mes: mayo 2015

Nikhil

Casi treinta y seis horas después de haber iniciado su performance, Nikhil Chopra no luce descompuesto. Ni siquiera cansado. Tras los barrotes que le separan de la audiencia, Nikhil Chopra pinta. Está sentado sobre un lienzo y a la vez lo pinta. Lo llena con imágenes de esa Habana que tiene delante, que no es demasiada, pero al parecer le basta. Desde que comenzara a hacer La perla negra, en la 12 Bienal de La Habana, el mundo de Nikhil Chopra se ha convertido en una postal rojiza de la Plaza de Armas y sus alrededores.

Cuentan que al principio del performance Nikhil estaba todo arreglado, vestido con traje y guantes y maquillado como una mujer. Treinta y seis horas después uno pudiera preguntarse qué ha comido Nikhil –aunque de detrás de su cadera asoman unos plátanos y un mango–, o dónde ha vaciado la vejiga, o si de veras está aquí, en La Habana, porque su mirada sugiere un viaje lejos, mientras su cuerpo sufre –el cuerpo de Nikhil sufre, de eso no cabe duda–, la ansiedad de un puñado de ojos que se aprietan para verlo pintar, para verlo lavarse, para verlo dormir.

Pero es precisamente eso lo que busca Nikhil, como si el arte tuviera que dolerte –¿no lo dijo alguien una vez?– y fuera necesario, imprescindible, encerrarte durante sesenta horas ininterrumpidas en una jaula para experimentar nuevas relaciones con el espectador. Siempre será mejor que colgar diez pinturas en una galería y esperar las críticas, ¿no? A lo mejor eso piensas, mientras le das una ojeada rápida al Templete y agregas unas pintitas rojas al lienzo. (más…)