Mes: junio 2015

Lluvia

Busco una frase para inciar la conversación, porque diez minutos de mirarnos por encima de los libros y el teléfono bastan para exasperarme. Sobre todo cuando hay tanto por decir y afuera llueve a torrenciales. Hablamos vagamente de la lluvia, el café y lo mucho que estás fumando últimamente. Menciono un par de textos de Leila que me han removido algunas cosas en la vida -tú una de ellas, pero esto no te lo digo, esto lo pienso y bajo los ojos unos instantes-, y de la tercera temporada de Twin Peaks que están empezando a filmar. Hablo mucho de mí y del cansancio que ya se hace crónico, y del blog que me enseñaron hace unas semanas y que ya no leo porque me sabe demasiado a Cortázar -y a ti, pero esto también me lo callo. Por Cortázar me ha dado últimamente, lo leo los sábados por la tarde, mientras la ropa y la casa se secan al mismo tiempo, y se me llena el cuarto de conejitos.

Todo el rato he hablado solo yo, pero no importa, estoy limpiando las ganas de leerte esos textos espectaculares que encuentro por ahí y no puedo compartir en Facebook, porque solo tú podrías sentir lo que yo al leerlos, y no quiero que la gente los repueble con comentarios y enlaces y emoticones. Porque es como si en ellos habitáramos en alguna forma extraña de narrativa que no escogimos, y nos nacieran sinónimos y preposiciones y símiles por todas partes. Y metáforas, claro. No seríamos nada sin metáforas, Horacio.

Tal vez debiera empezar la conversación con una, pero no me sale nada. Busco dentro. Nada. Se me ocurre que este vacío que sigue creciendo no matters what, es la mejor metáfora que me has regalado. Pero no digo nada. No dices nada. Volvemos al libro y al teléfono. Afuera llueve menos. Pero llueve.