Apuntes sobre El king reguetón de La Habana

ray

No hablaré aquí demasiado sobre la peña de Ray Fernández en el Diablo Tun Tun los jueves. Diré, tan solo, que se trata de la mejor descarga de toda La Habana y que Ray, trovador-chef-villaclareño-de-Alamar-juglar-por-cuenta-propia-y-showman en bodas, quinces y bautizos que se celebren en su peña — del 2008 a acá—, viene siendo entonces el mejor anfitrión del mundo mundial.

Los jueves, de cinco a nueve, y con suerte hasta las y media o hasta las diez, si el Tosco no está luego a las once, —para los que nunca han ido, y si nunca han ido what the hell is wrong with you?—, transcurren una sarta de temas que bien pueden cantarle a la libreta de abastecimiento, al ornitorrinco, a la edad, a los libros, al trabajo, al amor, al desamor, a la vida. Y temas de Los Pasteles Verdes, o los Fórmula V, o José Feliciano, o de la trova tradicional cubana.

Dos horas —Ray comienza a las siete en punto—, intercaladas a veces con algunos invitados, en las que puede pasar cualquier cosa. O casi. Esto es: que Ray llegue disfrazado de jeque, de bucanero o de vasco, que hable en ruso, que improvise décimas a Lenia, su esposa —altísimo e imprescindible puntal en toda esta historia—, y que se despoje de ropas y haga que sus músicos lo imiten. Lo que no puede pasar, casi nunca desde que se convirtiera en un “clásico de la casa” es que termine un jueves sin El king reguetón de La Habana.

No sé a ciencia cierta cuándo fue la primera vez que escuché El king reguetón de La Habana, y desconozco la historia detrás de la canción. Sé, con certeza, que no me voy satisfecha del Tun Tun si no bailo hasta que encienden las luces con un tema que no sé muy bien cómo definir.

Quiero decir, El king reguetón de La Habana es la mezcla de un montón de estribillos y frases y locuras que inventa Ray en el momento en que canta. Tiene, digamos, una base, una premisa: odia el reguetón e incita a todos a odiarlo, y a partir de ahí se sucede lo que se sucede. Ningún king reguetón es igual al anterior, pero cuando comienza un estribillo, todo el mundo sabe cómo seguirlo. Algunos son súper conocidos: el pasito de la bibijagua, cómo se empina el papalote, María Cristina me quiere gobernar… a lo Ray, claro está. Y luego pasan por ahí letras de Calle 13, de Jorgito Kamankola, de Gente de Zona, de Carlos Manuel y su clan (¿se acuerdan?), y de quien sea que le pase por la mente en ese momento, incluso de dibujos animados.

Y tienes dos opciones: reírte o bailar riéndote.

La duración: directamente proporcional a los minutos que falten para las nueve. Y no es uno de esos temas que te cuadran y de tanto escucharlo termina por aburrirte, porque, ya les digo, nunca es el mismo tema. Lo cual a veces sucks, porque me he sorprendido en casa con ganas de escucharlo y ni modo, El king reguetón de La Habana no cabe en un mp3. Sospecho que tampoco sería lo mismo.

Hasta que Ray no invente una versión reproducible “off Tun Tun” y la grabe en algún lugar, hay que estar allí, los jueves, de cinco a nueve. Y si una vez dentro, casi al final de la noche, alguien dice “reguetón”, no sé ustedes, yo digo “fuck it”.

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