Mes: abril 2017

Para olvidar, la Joplin

Quiero escribir —el Kozmic blues de Janis de fondo— un post que no me recuerde a nadie. Que no suba por mis piernas ni me sujete las manos a la altura de mi cabeza ni me deje huellas difíciles de ocultar con tanto calor. Que no me habite en forma alguna, ni siquiera en forma de canción de Santiago (especialmente no en forma de canción de Santiago) y que, una vez publicado, no me asedien sus dedos ni sus ganas en plena madrugada.

Pero de vuelta al ciclo toca olvidar. Por tanto los recuerdos vendrán, incluso, desde posts sepultados ya en los archivos de este blog. Posts de domingos y lluvia y cosas que hoy me parecen ridículas, como algún día me parecerá ridículo este post y todos los Sin título.

El caso es que, puestos a olvidar, cada cual sigue sus rutas. Y está bien. A uno le funciona lo que a uno le funciona. Hay quien tiene un plan B, por ejemplo, que no le gusta tanto, pero que no le permite pensar demasiado. Hay quien borra contactos e historial de llamadas. Hay quien prefiere no volver a hablar del tema. Hay quien cambia de lugar favorito en la ciudad solo para no coincidir. Hay quien tiene mucho trabajo y eso le ayuda. Y hay quien no tiene nada y tarda demasiado en desprenderse.

Yo, por suerte, tengo a Janis. Y es curiosa, esta relación nuestra, porque el resto de la vida Janis no es más que cuatro o cinco temas de las Essential songs en mi playlist. Pero cuando el ciclo me envuelve, de vez en cuando, siempre es ella. De arriba abajo. Últimamente he intentado también con Santiago, pero hay algo en la garganta de esta mujer que me destruye cada vez y —voilá— eso es lo que necesito cuando preciso olvidar.

Santiago me mata. No vaya nadie a dudarlo. Pero para que entiendan, Janis Joplin me ata a una silla, me amordaza y me hace evocar un instante a la vez horrendo y feliz que trato de alargar mientras dure la canción. Y sabe muy bien en qué orden hacerlo.

Comienza con Down on me, que me pone de un humor extraño, medio presumida, qué sé yo, para caer sin aviso en Piece of my heart, que ya comienza a reventarme las sienes, y no para más hasta Ball and chain, Me and Bobby Mcgee, motherfucker Summertime (con el mismísimo Jimy) y así sucesivamente, cafetera y media mediante, para aguantar lo que viene. Y lo que viene se llama:

To love somebody

La-madre-de-todas-las-canciones-para-olvidar-a-lo-Janis, que es como le llamo yo a este juego sado de rock and roll y blues y sobredosis a los 27.

There’s a way, oh everybody say/ You can do anything, everything, yeah/ But what good, what good/ Honey, what good could it ever bring/ ‘Cause I ain’t got you with my love/ And I can’t find you babe, no, I can’t.

You don’t know, you don’t know what it’s like/ No you don’t, and you never did/ You don’t know what it’s like/ To love anybody/ Oh honey, I wanna talk about love/ And trying to hold somebody when you´re lonely/ The way I love you, babe/ And I’ve been loving you.

Luego pónganlo en su voz y si tienen saldo escríbanme un sms.

Janis Joplin tres veces al día, como los antibióticos. Descansar siete, y repetir. Esa es la fórmula.

Aunque en realidad, yo quería empezar este post diciendo que leí hace poco en una novela de Juan Tallón que uno no llega jamás a donde quiere sin haber tocado fondo antes. Y ya ven.