Tómate el café, coño

La cafetera no tiene asa porque una mañana subiste demasiado la candela y se derritió en un dos por tres. Un charco negro espeso que se escurrió por la hornilla sin que te diera tiempo a salvar más que un pedazo pegado a la tapa que a la larga ibas a tener que arrancar también. Entonces es así, cuando cuela apagas el fogón y coges la cafetera con las dos manos envueltas en un paño seco y sirves las tazas directamente, y ahí que cada cual le ponga el azúcar que quiera. Azúcar prieta para el café y azúcar blanca para el té, como debe ser. Hay un momento definitorio: el instante en el que acercas la taza a los labios y lo que sube a tu nariz no es el aroma del café recién colado, sino un olor a perfume seco sobre la camisa de ayer, que descansaba echa un bulto en una esquina del cuarto. Ese, en el que te dices que ya basta, que no vuelves a llamar ni a textear ni a coincidir ni a inventar excusas para seguir queriendo. Ese momento, la cuarta vez —y no antes— que sientes el impulso de borrártelo del cuerpo, debería ser el final. Aunque la vista te haya parecido el paisaje más hermoso que viste en la vida. El salto terminó. Y no hay paracaídas, no hay red, no hay nada. Estás sola, y se te enfría el café.

(Hay otro momento: una de esas tardes en las que te sientas en el malecón cuando el sol no castiga tanto, con el atardecer a la izquierda y una cerveza delante de tus piernas cruzadas. Hablas de la vida y el amor y el sexo. Haces un par de cuentos intrascendentes sobre un par de tipos intrascendentes. Dices alguna estupidez como que no te has vuelto a enamorar porque nada se le ha parecido a aquella vez. Pero lo que realmente piensas es que no te han vuelto a humillar de la misma manera. Sorbes de la cerveza tibia y miras el mar. En tu cabeza dan vueltas todas aquellas madrugadas de Santos Suárez, con el celular pegado a la almohada, despertando con los golpes de la aldaba, y la incertidumbre luego. Amarga, corrosiva. Quieres decir que no volverá a ocurrir, pero no tienes la certeza. Te sientes patética. Lo eres. Y ya es hora de cruzar a buscar otra fría.)

Tomas el café despacio, mientras revisas el celular. Piensas en la última vez que dijiste esta es la última vez. Después de esa, te reprochas, volviste a llamar y a textear y a coincidir y a inventar excusas para seguir queriendo. Piensas en la Joplin, que te ha hundido tantas veces mientras te salvas. Aquel fue un post casual. Ni siquiera la Joplin puede salvarte ahora. Nadie salva a nadie. Lo leíste en Leila: la gente se salva sola, pero casi nunca se da cuenta. Los amigos están, el sexo casual está, el alcohol está, la yerba está, pero al final del día —o al inicio—, estás sola, y se te enfría el café.

Pero es la cuarta vez —y no antes— que el olor que sube desde la taza y los platos sucios y la almohada y el libro que no has vuelto a abrir en semanas, te hace sentir esa mezcla de tristeza y vergüenza que trae el fracaso. Cuando por primera vez haces matemáticas, de verdad, y el tiempo se te vuelve un acoso de números y meses que no estás dispuesta a aceptar. Te persigue aquella historia platónica de ocho años, te persiguen los desayunos, las canciones, la lencería encargada y pagada a sobreprecio, vestirte a deshoras, buscar un carro a deshoras, bajarte en alguna calle oscura a deshoras, caminar, tocar a la puerta, despertar buscado tu ropa, olvidar una bufanda, despedirte con un beso torpe que puede ser el último, torturarte con que puede haber sido el último beso, gastar dinero en recargas de nauta, enviar desnudos, recibir desnudos, construir en tu cabeza, detener una serie para textear: estoy pensando en ti, comprar un libro que nunca regalarás, escribir posts sobre alguien que no los leerá.

Es la cuarta vez, coño. Yo tú, ahora mismo, pondría otra cafetera.

Anuncios

2 comentarios en “Tómate el café, coño

  1. 😶 tengo que trabajar y aquí sigo pegada leyendo. Pero por qué este personaje se me parece tanto?
    Voy por otro café, no te vayas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s