conciertos

Drexler

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Si vos hubieses hecho el sábado solamente el show de Bailar en la cueva, con el que recorriste un montón de ciudades en el último año y medio, el público te lo hubiera perdonado. Aún cuando las canciones nuevas siempre estropean los conciertos. Porque vos no sabías, no tenías idea de lo que tu música ha significado para tanta gente en esta isla. Quizás pensaste que a lo sumo conocerían un par de temas, pero igual venías a escuchar cómo transcurre el tiempo en La Habana, y a saldar esta deuda contraída con vos mismo desde hacía años.

Para cuando subiste al escenario ya te habían advertido, y saliste entonces solo con tu guitarra y te sentaste muy cerquita de la gente para saber qué querían escuchar. Y la gente te pidió de todo. Temas que te piden en ciudades donde has tocado decenas de veces y temas que no te atreviste a cantar porque apenas recordabas la letra. Cantaste Eco, cantaste Causa y efecto, cantaste Don de fluir, cantaste Soledad, cantaste la Milonga del moro judío, y la gente no paraba de pedir. Yo creo que ahí fue donde por fin te convenciste.

Pero el primer encuentro con La Habana tenía que ser épico, vos sabías eso y al show de Bailar en la cueva le pusiste canciones de los demás discos con unos arreglos increíbles. Igual sabías que ese primer momento a solas con nosotros no había bastado y volviste a quedarte con la guitarra y te permitiste entonces un par de caprichos.Fue cuando resonó Contigo en la distanciay un Al otro lado del río a cappella, y cuando hiciste subir a Alexis Díaz Pimienta a improvisar un soneto y quisiste que la gente le diera pies forzados y Alexis Díaz Pimienta te complació y la gente tuvo que aplaudir de pie. Tanto, que sentiste que La Habana, que ese teatro, iba quedando de a poquito libre de toda pena. Como la arena blanca en la isla deRasquí.

Lo mejor del concierto: las canciones que ibas dejando caer como al descuido y tu rostro al comprobar que la emoción crecía en ambas direcciones, Mi guitarra y vos, y la sensación de que en ese vos estábamos también nosotros, las historias de refugiados europeos en América y de estribillos regalados por Sabina en un bar español, y los sonetos que nos tomaron por sorpresa. Lo mejor del concierto fue el por fin, Habana, del inicio, y el nos veremos muy pronto, casi al final. Lo peor son las canciones, que jamás volverán a ser lo que eran, y contar los días que faltan para el regreso.

Rock n roll y margaritas vivas

DEADComienzas a adentrarte en los senderos del rock n roll rayando la adolescencia. Quizás un poco más tarde, pero compensas el tiempo perdido con los clásicos reventándote los oídos a toda hora, bebiéndote la historia de bandas que ya no existen o que es improbable —léase imposible—, que puedas ver en vivo en la vida. Hasta un día. Y he aquí lo más hermoso de todo. Tu viaje por el rock n roll, que creías tan seguro, tan tuyo, tan de cuatro amigos hablando de vez en cuando de solos de guitarra y míticos discos, se ve de pronto sacudido por unos tipos llenos de tinta y de ganas de rockanrolear en La Habana.

Primero no te lo crees, claro. Y luego cedes, poco a poco, ante la presión de ir a verlos y reconocer en ellos años y años de escucharlos en tu cuarto y buscar en sus canciones las respuestas a casi todo. Con recelo, eso sí. Porque vinieron Dizzy Reed y Richard Fortus, pero no Guns N Roses, Bernard Fowler y Darryl Jones, pero no The Rolling Stones, vino John Corabi, pero no Motley Crue, vino Brian Tichy, pero no Ozzy Osburne. Vino David Lowy y Marco Mendoza, pero no las bandas que los dieron a conocer… (más…)