Qué hacer ahora que el Mundial se acabó

1.Descansar de los narradores deportivos de la Televisión Cubana.

2.Disfrutar de una variada y exquisitamente planificada programación de verano.

3.Seguir mirando la venganza de Nina.

4.Soportar a los cuasi alemanes que ahora salen de los surcos como mazorcas.

5.Quejarnos del arbitraje y atacar a la FIFA.

6.Reírnos de Brasil.

7.Extrañar la –y solo la– musiquita de De zurda.

8.Compartir estados aburridos en Facebook.

9.Y consolarnos con el hecho de que solamente quedan 1 426 días, 204 semanas o 48 meses para el próximo mundial.

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Leer en guaguas

Por toda respuesta le mostré la tapa del libro.
-¿Sobre qué es?
-Sobre un tipo que espera durante toda la noche por que su esposa regrese.
-¿Y regresa?
-No lo sé, aún no termino.
-Quiero decir si tú crees que regrese.
-Supongo que no. Espero que no.
-¿Tú quieres que el tipo se quede solo?
-Sí, al menos el tiempo suficiente para que termine el libro que está escribiendo.
-¿El tipo es escritor?
-Más o menos. Escribió una novela corta hace un tiempo, pero no la ha publicado.
-¿Es mala? Quiero decir, ¿el tipo es mal escritor? Continúa leyendo Leer en guaguas

Y la azzurra dolió…

(…como duelen las cosas que no tienen mucho sentido)

Para ver el Italia-Uruguay de ayer me fui lejos de la redacción. Me fui a la casa de un amigo –llamémoslo Carlos- conocedor de fútbol, de literatura y de música cubana y de pelota, y que obviamente prefería a Uruguay. Pero me fui a su casa porque Carlos me quiere tanto que sería incapaz, derrota mediante, de herirme con el tema. Carlos y yo nos queremos desde hace algunos años. Nos queremos a gritos desde el balcón de un onceno piso y desde la ventana del chat. Tanto que mi madre hizo una novela sobre mi supuesto amor secreto por él y la distribuyó entre la familia, que hasta hace poco veía en Carlos al bastardo que me hacía sufrir. Nos reímos durante semanas. Continúa leyendo Y la azzurra dolió…

Santilé

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Y así, cuando todos pensaban que la villa se ahogaba debajo de las tejas y la balaustrada colonial, Sancti Spíritus llegó a los 500 años vestida de limpio y conjugando, como siempre ha hecho, tradición y modernidad. Cinco siglos es mucho tiempo y la ciudad lo sabe. Se la ve silenciosa por estos días de celebración, escurriéndose entre los aleros y los guardavecinos del centro histórico, observando de lejos la algarabía del aniversario. Demasiados hijos regados por el mundo, debe pensar. Demasiados que se han ido para no regresar. Y al decirlo se da cuenta de que en voz alta suena aún más triste, sabe más a soledad.

Olores

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Cada vez que llego a Sancti Spíritus lo hago francamente agotada. Como si las ganas de oler la casa se me acumularan en las articulaciones o me cayera sobre las sienes el peso de tantos días ausente. Mi casa, cuando yo llego a Sancti Spíritus, huele a frijoles recién sazonados, a niño, a crayolas y temperas húmedas, a cuero de chivo, a ropa limpia, a sol, a cilantro y a café colando. Suelto la mochila en medio de la sala y me sirvo un vaso de agua de la pluma, que es como los espirituanos llamamos a la pila. El agua en Sancti Spíritus sabe siempre igual, a lluvia clara y a patio. A Yayabo crecido y a montaña.

Parece que ya va siendo hora de regresar, porque por estos días comienza a faltarme el aire o es la necesidad, creciente con el cumpleaños 500 de Santilé, de acariciar las paredes impregnadas de malanga batida, talco Johnson&Johnson, saliva, goma y caucho para morder, y un aroma medio dulzón que no identifico hasta que hundo la nariz en un cuello diminuto y aspiro suavemente.

Desde aquí ya se huele la pintura de las fachadas, la cal del puente y la leche de chiva. Desde aquí se huele la villa, el sudor de los caballos, las guitarras de las noches y el ron.

Y el llanto, que sabe a nostalgia, a tierra mojada y a sala de hospital.

Instrucciones para sufrir una lista de espera

1. Vaya a la Terminal La Coubre (no puede ser otra terminal) y anótese para un destino. Si solo quiere el modo light de sufrimiento elija una provincia central. Si está preparado para lo hardcore anótese para Santiago de Cuba.

2. Aproveche las grandes festividades o fechas señaladas para su viaje (fin de año, día de las madres, semana de receso, etc.). Descubrirá que lo precede un mínimo de 400 números (personas). Comience a disfrutar su estancia.

3. Quédese toda la noche a la espera de ser llamado (en serio, solo funciona si pasa la noche allí, de lo contrario se esfumará cualquier vestigio de placer).

4. Vaya corto de dinero. Un poco más que el pasaje servirá.

5. Invéntese una excusa para necesitar llegar lo más pronto posible a su destino y luego compruebe en la pizarra que la lista no se ha movido un solo número desde que llegó.

6. Espante toda idea de pagar 5 CUC para garantizarse un asiento en la próxima yutong. No haga trampas.

7. Ponga el equipaje en el suelo y siéntese encima de él.

8. Observe que siempre habrá alguien que lleva más días que usted allí y sigue vivo. Muéstrele sus respetos. Continúa leyendo Instrucciones para sufrir una lista de espera

Susana meets The Wall

Susana es, digámoslo desde el principio, una de las personas más fascinantes que he conocido en la vida. Y no porque apareciera un día en el aula atiborrada de maquillaje, y semanas después le diera por prescindir hasta de aretes. Susana era tan auténtica como el creyón rosado fosforescente que usaba o el tatuaje que lleva desde los quince años y ha querido borrar desde que vivía en Cuba.

Ahora Susana vive en España y anda por Berlín y quiere conocer África —why not?— y Jerusalén.

Desde que Susana salió de Cuba y yo comencé a trabajar en un lugar con conexión a Internet, nos escribimos todos los días. Siempre en inglés, incluso cuando me dice, meja, hoy tu inglés sucks, y yo le respondo, go fuck yourself, bitch. En todo este tiempo, hemos vetado, por mutuo acuerdo, el tema de la nostalgia y el grupo dos de periodismo y la facultad y Cuba. En cambio hablamos de alcohol, de amor, de sexo y de cine. Continúa leyendo Susana meets The Wall