ilusión

Pie de firma

(Que sepas que al filo de las nueve de la noche del lunes he borrado cuatro oraciones que comenzaban hablando de ti.)

(Que entiendas que la anterior la he dejado porque me he prometido que a partir de las nueve de la noche cualquier cosa que llegue yo a escribir servirá para aplacar esta pesadez que tengo en el estómago desde el sábado, aún si no la publico.)

(Y si la publico estará bien, porque será quizás la única manera de que no la leas.)

(Que desde el jueves dieciséis de febrero tengo, encima de la cadera derecha, una grieta a donde van a parar todos los dolores que me van cayendo encima.)

(Que —por pura casualidad— no la abriste tú, sino un golpe que me dieran en la 174, y que todo el dolor que entra a mi cuerpo se aloja allí sin que nadie sea capaz de explicarse cómo o por qué.)

(Que si, puestos a ejemplificar lo anterior, quisieras dejar una huella en mi espalda, en su lugar amanecería yo con una dolencia en esa cadera, que se iría matizando con el paso de los días en una escala de morados, verdes y amarillos.)

(Que el dolor ha comenzado a actuar como el parásito que en definitiva es, y se ha ido alimentando de ti.)

(Que no tengo ya fuerzas para expulsarlo. Ni ganas. Ni excusas.)

(Pero quédate, es sólo otra punzada de morir, es el amor con tanta soledad, es otra cicatriz de estar aquí, es descubrirte el miedo y descubrirte a ti, dice Santiago pero a estas alturas yo no quiero quedarme más.)

(Y esa es mi firma.)