Contagio

Una sala de hospital no se parece a nada. Mucho menos una sala de contagio. Sin acompañantes ni visitas. Sin más horizonte que la pared fronteriza del cubículo o el área encerrada bajo el mosquitero. Sudando la fiebre de la madrugada y tragando en seco, raspando las amígdalas y gritando en silencio, frenéticamente, que no…