Resumiendo

1.

Alrededor de las diez de la mañana, el Palacio de las Convenciones de La Habana hace un receso en sus congresos y simposios y los periodistas, en su mayoría, van a la sala de prensa a reportar en unas veinte líneas la corta sesión de la mañana. Algunos llaman por teléfono, otros se ponen al día con sus mensajes, aprovechan la conexión. El 12 de febrero de 2014, alrededor de las diez y media, se vacía una computadora que es ocupada de inmediato por una muchacha de pelo muy corto que había estado esperando sentada al fondo de la sala. Continúa leyendo Resumiendo

Apuntes sobre El king reguetón de La Habana

ray

No hablaré aquí demasiado sobre la peña de Ray Fernández en el Diablo Tun Tun los jueves. Diré, tan solo, que se trata de la mejor descarga de toda La Habana y que Ray, trovador-chef-villaclareño-de-Alamar-juglar-por-cuenta-propia-y-showman en bodas, quinces y bautizos que se celebren en su peña — del 2008 a acá—, viene siendo entonces el mejor anfitrión del mundo mundial.

Los jueves, de cinco a nueve, y con suerte hasta las y media o hasta las diez, si el Tosco no está luego a las once, —para los que nunca han ido, y si nunca han ido what the hell is wrong with you?—, transcurren una sarta de temas que bien pueden cantarle a la libreta de abastecimiento, al ornitorrinco, a la edad, a los libros, al trabajo, al amor, al desamor, a la vida. Y temas de Los Pasteles Verdes, o los Fórmula V, o José Feliciano, o de la trova tradicional cubana.

Dos horas —Ray comienza a las siete en punto—, intercaladas a veces con algunos invitados, en las que puede pasar cualquier cosa. O casi. Esto es: que Ray llegue disfrazado de jeque, de bucanero o de vasco, que hable en ruso, que improvise décimas a Lenia, su esposa —altísimo e imprescindible puntal en toda esta historia—, y que se despoje de ropas y haga que sus músicos lo imiten. Lo que no puede pasar, casi nunca desde que se convirtiera en un “clásico de la casa” es que termine un jueves sin El king reguetón de La Habana. Continúa leyendo Apuntes sobre El king reguetón de La Habana