malecón

La Beca

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Al 7B y al 11B, cómplices

Uno no se da cuenta de que La Beca lo devora hasta que comienza a perder la mirada en el horizonte demasiadas horas demasiados días a la semana. Y lo peor de todo es que La Beca te devora despacio, sin prisas. Para que aguantes los cinco años creyéndola inofensiva, solícita. Al fin y al cabo es ella quien te está haciendo el favor. El grandísimo favor de permitirte vivir en La Habana, sucumbir a sus encantos y vanagloriarte de ello en el barrio del pueblo e invitar a los amigos a conocerla y colarlos en La Beca y sugerir rutas de guagua en las paradas para que lo crean a uno nativo.
Es justamente en ese punto que La Beca comienza a devorarte: cuando llegas a quinto año con la certeza de que uno debe, tiene, irremediablemente, que abandonarla para siempre e irse a cumplir, a pagarle a la patria durante tres años los estudios gratuitos. (más…)